Afuera
Afuera los perros ladran, y las primeras gotas mojan la calle, dentro no había nada remarcable, filosofía de sofá, ya saben, demasiado tiempo sentado, sin nada que hacer, divagando sobre metafísica, el sentido de la vida, el universo y todo lo demás y esas grandes cosas que solo nos ocupan cuando no tenemos nada mas cercano a nuestro ombligo que nos preocupe. Los extremos se tocan, de sentirme como una mota de polvo, a ser un ser feliz y único, envidiado por el resto y esas cosas que siento cuando pienso en ti, otro extremo, como el paté y la mermelada, o esos ingredientes de las empanadillas de morcilla de tu madre, dispares y aparentemente lejanos, pero sin duda, únicos al combinarse. Del sofá a la lumbre, horas desperdiciadas en intentar prender unos palos demasiado verdes, (como los patos).
Fuera la lluvia arrecia, dentro, sigo en mi cuarto, cementerio de sueños, tan vacío, ultimamente siento que ha perdido mi identidad, que ya no es mi cuarto, único, en el que me siento agusto, esa comodidad instintiva, que seguramente debemos a nuestros instintos mas básicos, como la seguridad de los animales en su guarida.
A fuera podría ser un día en blanco y negro, dentro solo es un día mas, una ducha lenta, sintiendo como si cada gota fuera un segundo menos, secándome exaustivamente, mirando uno a uno los desodorantes y colonias, ¿cual me pondría? un olor conocido, que transmita un sentimiento de la seguridad que da lo conocido, o algo nuevo, que la sorprenda. Esta decisión todavía puede esperar, aun queda mucho tiempo (tienes razón amor).
A fuera el diluvio, y eso solo me hace pensar en animales en barcos, me pongo a leer, pero ni la prosa ni la poesía consiguen atraer mi atención, hoy Internet no tiene nada que ofrecerme, y yo después de escribir todo esto, me doy cuenta que yo a ella (Internet), tampoco.
Tu tan lejos y fuera llueve tanto.


